Breve lectura de las elecciones argentinas

Si bien la idea de este blog es comentar sobre Venezuela, el impacto de los resultados del domingo puede trascender a nuestro país, toda vez que el gobierno de los Kirchner, con 12 años en el poder, es uno de los grandes aliados del Chavismo y su posible fin, cambia la correlación de fuerzas en el continente. Argentina es un referente, sin duda alguna.

Algunos puntos sobre las elecciones del domingo 25.

  • Daniel Scioli, candidato del kirchnerismo debe redefinir el mensaje en torno a sí mismo y desligarse de Cristina Fernández sin perder el apoyo de su propio movimiento político. Este es un movimiento delicado, porque puede significar perder por ambos lados, es decir que el kirchnerista de a pie se desilusione y que los que no votaron por él ni por Macri, no le crean y apoyen a este último. Es verdad que Scioli nunca fue Cristina Fernández y se ve lejos de Máximo Kirchner y La Cámpora, pero sigue siendo su candidato.
  • El kirchnerismo parece estar acabado como grupo de poder. Estas eran las elecciones en las que Máximo Kirchner se probaba como heredero y no le fue bien. El Frente para la Victoria (FPV) sigue teniendo capacidad de fuego en algunas provincias, pero en Argentina el poder regional es eso, regional; y el poder nacional está en Buenos Aires. En realidad, como ocurre en buena parte de América Latina, la alta dependencia del carisma personal y de los mensajes fáciles, hacen que los movimientos políticos duren más o menos lo mismo que su fundador. Muerto Kirchner e impedida Cristina Fernández de ir a una nueva elección (que lo procuró con fuerza), el movimiento parece acabar aquí, incluso aunque Scioli ganara el 22 de noviembre.
  • Un segundo caso que golpea al kirchnerismo es la derrota de Anibal Fernández en la provincia de Buenos Aires. Su arrogancia y manejo del poder es el gran elemento explicativo. Pero Fernández no es un simple candidato derrotado. Es realmente el gestor del kirchnerismo. Fernández logró canalizar el resentimiento y el malestar de los sectores populares, ya no solo para elegir a los Kirchner a la Casa Rosada, sino para apoyar que se convirtieran en una especie de monarquía popular. Su derrota pareciera mostrar su fin político, sobre todo porque su provincia es Buenos Aires. Es decir, no tiene otra base regional a la cual regresar y reagrupar fuerzas.
  • Que el kirchnerismo esté golpeado e incluso derrotado, no significa que el Justicialismo como partido político de la centro-izquierda, esté muerto. Pudiera tratarse de una oportunidad para que otras facciones, desplazadas por los Kirchner, retomen su control. Pero hay además una segunda oportunidad, que es la de redefinirse como partido laborista, abandonando buena parte del populismo que lo ha identificado -y que sin duda le ha dado réditos políticos- desde su creación por los Perón.
  • La derrota de Anibal Fernández no le resta méritos a María Eugenia Vidal, quien pasa de ser la segunda al mando en la ciudad de Buenos Aires, a las órdenes de Macri, directo a la gobernación de la provincia más importante y poderosa del país. Vidal es la mano derecha de Macri, no hay duda. Ahora le toca a ella dar resultados por cuenta propia.
  • No hay duda de que Mauricio Macri tiene una posición diferente con referencia al Chavismo y al gobierno de Venezuela, que la que ha tenido el kirchnerismo. Obviamente se trata de diferencias ideológicas que modificarían sustancialmente la relación. Pero también Daniel Scioli es diferente. Si este es elegido el 22 de noviembre, es factible que cambie mucho el actual esquema de relaciones con el gobierno de Venezuela. Scioli es un empresario y no viene de los resentimientos sociales. Eso no es poca cosa.

Las elecciones del 22 de noviembre serán importantes para el continente. La redefinición de fuerzas ocurre a lo interno de los partidos y movimientos políticos, pero también en lo nacional e internacional. La historia reciente de América Latina muestra que los movimientos populistas (disfrazados de populares) no han pasado de ser meros trampolines para el surgimiento y fortalecimiento de nuevas élites político-económicas, peores que las anteriores. Las nuevas élites han llegado al poder predicando el mensaje de la inclusión y lucha contra la pobreza. El resultado ha sido todo lo contrario.

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El miedo al ajuste

La presentación púbica de la conversación grabada entre el académico Ricardo Haussman y el empresario Lorenzo Mendoza, nos muestra al menos un par de cosas. Por un lado, es una confirmación más de que el gobierno no tiene empacho en violar la ley. Eso no hay que discutirlo mucho. Por el otro lado y de mucho más impacto, pone sobre la mesa algo de concreción en esa cosa genérica llamada “cambio de la política económica”.

Y es que es muy fácil decir que el gobierno (el actual o cualquier otro que tome el poder), debe cambiar urgentemente la “política económica”. Pero ¿eso qué es? Hasta ahora los políticos de la oposición prefieren no entrar en honduras sobre qué es lo que específicamente debe hacerse. Sin embargo, entre lo que hay que hacer, independientemente de los deseos y ofertas de los políticos, es sentarse a hablar con los organismos financieros internacionales. Guste o no.

Obviamente, el gobierno no lo va a ofrecer y además, lo va a convertir en anatema. Por definición, quien se presente como de izquierda, se va a negar a tener relaciones con esos organismos, aunque por otro lado, estén entregando a otros la soberanía del país. Además de eso, el gobierno busca atacar a quien lo proponga, que es lo que inmediatamente comenzó a ocurrir, cuando sus voceros piden a la Mesa de la Unidad Democrática que revele que esas son sus verdaderas intenciones.

En ese sentido, el objetivo de revelar la conversación, además de la autocomplacencia en hacer saber que se tiene el poder de grabar e intervenir la vida privada de cualquiera, más que atacar a Haussman y a Mendoza, es asustar a los electores con los términos “paquete”, “ajuste”, “FMI” y otros que ellos podrían agrupar en genéricos como “traición a la patria”, “neoliberalismo” e “imperialismo”.

Harían bien los políticos de la MUD en decir que efectivamente ellos sí están de acuerdo con el libre mercado, con el capitalismo, con la libre competencia, con reducir el rol y el tamaño del Estado y con que Venezuela inicie los pasos para participar activa y competitivamente en la economía mundial. Pero mi creencia es que no lo van a hacer y la razón es que muchos de ellos también son populistas, estatistas y poco amigos de la competitividad. Y esa mentalidad, que es además la de la mayoría de los electores aunque sean de oposición, es más difícil de derrotar que un gobierno que se cree eterno en el poder.