El miedo al ajuste

La presentación púbica de la conversación grabada entre el académico Ricardo Haussman y el empresario Lorenzo Mendoza, nos muestra al menos un par de cosas. Por un lado, es una confirmación más de que el gobierno no tiene empacho en violar la ley. Eso no hay que discutirlo mucho. Por el otro lado y de mucho más impacto, pone sobre la mesa algo de concreción en esa cosa genérica llamada “cambio de la política económica”.

Y es que es muy fácil decir que el gobierno (el actual o cualquier otro que tome el poder), debe cambiar urgentemente la “política económica”. Pero ¿eso qué es? Hasta ahora los políticos de la oposición prefieren no entrar en honduras sobre qué es lo que específicamente debe hacerse. Sin embargo, entre lo que hay que hacer, independientemente de los deseos y ofertas de los políticos, es sentarse a hablar con los organismos financieros internacionales. Guste o no.

Obviamente, el gobierno no lo va a ofrecer y además, lo va a convertir en anatema. Por definición, quien se presente como de izquierda, se va a negar a tener relaciones con esos organismos, aunque por otro lado, estén entregando a otros la soberanía del país. Además de eso, el gobierno busca atacar a quien lo proponga, que es lo que inmediatamente comenzó a ocurrir, cuando sus voceros piden a la Mesa de la Unidad Democrática que revele que esas son sus verdaderas intenciones.

En ese sentido, el objetivo de revelar la conversación, además de la autocomplacencia en hacer saber que se tiene el poder de grabar e intervenir la vida privada de cualquiera, más que atacar a Haussman y a Mendoza, es asustar a los electores con los términos “paquete”, “ajuste”, “FMI” y otros que ellos podrían agrupar en genéricos como “traición a la patria”, “neoliberalismo” e “imperialismo”.

Harían bien los políticos de la MUD en decir que efectivamente ellos sí están de acuerdo con el libre mercado, con el capitalismo, con la libre competencia, con reducir el rol y el tamaño del Estado y con que Venezuela inicie los pasos para participar activa y competitivamente en la economía mundial. Pero mi creencia es que no lo van a hacer y la razón es que muchos de ellos también son populistas, estatistas y poco amigos de la competitividad. Y esa mentalidad, que es además la de la mayoría de los electores aunque sean de oposición, es más difícil de derrotar que un gobierno que se cree eterno en el poder.

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